viernes, 25 de noviembre de 2011
ALGÚN POSIBLE “AZAR CAUSADO”
Búsqueda que explota ante situaciones y preguntas límite o fronterizas de la vida. Aquellas que superan lo cognoscible y ponen todo en tela de juicio. ¿Para qué?, ¿por qué?, ¿hasta cuándo?, ¿cómo es posible?, etc. Un sentido de la existencia. Un motivo positivo, básico y primitivo. No un producto de la sola razón humana, siempre limitada y hasta engañosa. Tampoco una luz del corazón. El corazón está también trizado. Es intermitente en sentidos y motivos. Tiene que ser un grito. Una evidencia torpe y bruta. Como yo. Como el ser humano. Desde dentro y fuera del hombre. Un elemento común a toda realidad: humana, animal, vegetal, mineral, líquida, gaseosa, por conocer... Que susurre que es buena la existencia. Que los hechos, los preciosos y los macabros, están dentro de un todo armonioso. ¿Será posible? Tal vez la única evidencia de que existir es bueno, es el mismo hecho de estar existiendo, en las circunstancias que sea. E implicaría algún sentido, aunque misterioso, inimaginable, insentible e incaptable. Habría un azar bueno, natural, “causado”, y “causante”, finito o infinito. Huele a tontera de pensar vacío, que juega a demostrarse con lo mismo que se desea demostrar Puede ser, pero para mí no es calcetín dado vuelta, ni círculo vicioso o tautología. Es algo mágico. Una intuición; un salto y una apuesta hacia una noción en que coinciden cosmovisiones, culturas, filosofías y religiones. Que está al escarbar la cúspide y los pies de ellas. Y anula cualquier antagonismo superficial. Es lo esencial del concepto “amor”, que dice a todo: “es bueno que existas”, o “existir es estar siendo amado”. Independiente de donde venga lo existente o hacia donde vaya el existir. Se abre la puerta al sueño de un para qué, y a un impulso a la búsqueda personal y social, del bien, la verdad y la belleza. Una inquietud de felicidad plena, sólo cortejada y no lograda; en un tipo de vida al que le sea propio sentir, pensar y hacer, desde este ángulo de valoración, aprobación, aceptación y alegría de uno mismo, de los otros, del universo o de los universos, materiales y espirituales. La ansiada “vivencia” del amor, dado y recibido; palpado, en todos sus tipos, grados y diferentes manifestaciones.
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