viernes, 25 de noviembre de 2011
GENERACIÓN DE ENERGÍA, RAZA HUMANA Y UNIVERSO
La teoría y prácticas prevalecientes sobre las posibilidades de disminuir y finalmente eliminar la indigencia, desnutrición, las pestes, la pobreza e indignidad material en que viven más de mil millones de personas sobre nuestro planeta, se basa en las bondades del crecimiento económico y la coherencia que tiene esto con lo que se piensa son las sanas tendencias naturales del ser humano. Ese crecimiento necesita de la generación de más energía para ir abasteciendo los métodos que tenemos para lograrlo y levantar a quienes están sufriendo. Creo que es un asunto razonablemente bien pensado y qué ha funcionado. Pero según mi humilde entender, hay otra manera de eliminar los males que sufren las personas marginadas materialmente y que no llegan hoy a un nivel de vida digno, pero sin la necesidad de generación de energía adicional a la que está actualmente operando el ser humano sobre la tierra. Me excuso de la necesaria, exhaustiva y rigurosa demostración cuantitativa. La dejo para más adelante y me expreso en un ámbito más bien cualitativo, propio también de la ciencia económica, dedicada al estudio del comportamiento del ser humano y los recursos escasos de que dispone. Sin modificar el concepto ni la realidad de la propiedad privada, ni tampoco del mecanismo de libre mercado o la finalidad de las empresas, se puede pensar en el ejercicio voluntario de analizar personal y socialmente, incluyendo procesos democráticos, de una jerarquización u ordenamiento que hacemos de los medios materiales que nos ayudan a sentirnos de verdad más plenos, alegres, felices o en paz (preferencias). Pienso que caeríamos en cuenta que le damos una relevancia o ubicación desmedida a nuestro nivel de vida en términos de consumo de bienes y servicios por período. Siempre quedamos cortos y queremos más. No son ellos, después de un nivel mínimo y bueno, los que nos dan los sentimientos, sensaciones, plenitudes ni logros de fondo que anhelamos. Entonces, si iniciamos la lista con aquellos procesos interiores que buscamos, descubriremos que con niveles de vida superiores a lo mínimo y bueno, e inferiores a lo superficial, llamémosle un”nivel austero personal”, podríamos intentar llegar a ir llenando el corazón de manera diferente, con menos bienes y servicios. Y que implicaría esto a nivel global. Que aquella energía destinada a producir los bienes y servicios que queden naturalmente fuera de nuestras canastas austeras, podría ser utilizada directa y estratégicamente en solucionar los males de que hablé al inicio, con el tiempo y los ajustes que se requirieran. Insisto en que no me refiero para nada a llegar a una igualdad de niveles de vida, ni menos en redistribución forzada de la propiedad de los bienes y recursos. Tal vez con la energía actual bastaría para todos, o por lo menos disminuiría la angustia reinante de unos posibles escases futura de tal recurso. Sabemos que el escases relativa a la necesidad correspondiente. Todo lo anterior puede sonar a utopía por la dificultad práctica de “obligar” (irónicamente, pues es un ejercicio valioso y positivo de por sí) a las personas a definir y ordenar aquello que nos hace en profundidad y honestamente más plenos; pero también suena a utilización de la inteligencia, el sentido común y lo que nos dice todos los días nuestro ser interno libre, calmo, físico, emocional y de “animal que siente”. Basta del reduccionismo al “homo sapiens”, o animal que piensa, como si la lógica racional fuera lo esencial a su naturaleza, en desprecio de la sensibilidad y otras fuentes de conocimiento, asimilación y proyección de la realidad también del planeta y del universo entero.
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