¿IGNORANCIA, COBARDÌA, EGOÌSMO O DESCORDINACIÓN DE LÍDERES?
La solución mundial a la pobreza, hambre, enfermedades no tratadas, frío, falta de vivienda y educación, delincuencia, guerras, tiene mucho que ver con el mal uso de los recursos y de la energía que se está haciendo hoy en todo el mundo, generada de la manera que lo esté siendo, y con la manera que se pretende utilizar y se está ocupando para intentar disminuir la pobreza: el crecimiento de producción material de cosas útiles o pedidas y pagadas por las personas. Se asume que un continuo aumento de producción y ventas hará que el nivel absoluto de pobreza disminuya en el largo plazo en el mundo, junto con mejorías en productividad. Eso implica, por supuesto, mayor necesidad de generación de energía y esperar que tal crecimiento elimine la indignidad de vida material de los referidos pobres. Creo que es un camino posible que ha dado resultados y que corresponde a la mirada que tiene hoy la humanidad de sí misma. Pero hay otra manera obvia en la que no se insiste, por ignorancia o cobardía de los líderes de las naciones, organismos internacionales de países asociados, autoridades religiosas y científicas, filósofos, intelectuales y artistas y todos los que son escuchados y seguidos en masa por la población mayormente manipulable y poco crítica o no instruida. La cuestión es que con la misma energía de hoy 2011, con los mismos recursos naturales que se están explotando ahora; con la misma tecnología; el mismo sistema de intercambio de bienes llamado libre mercado, perfeccionado por el estado para impedir abusos; manteniendo el concepto y la distribución de la propiedad privada y el mejor de los malos sistemas políticos llamado democracia que da a cada persona un voto; se puede eliminar rápida y focalizadamente la pobreza en que viven muchos millones de personas, de las casi 7.000 que habitamos la tierra. La escases de recursos es relativa a las necesidades que nos creamos; no existe, ni es absoluta o limitante bajo estos términos. Bastaría trabajar en conjunto y enfrentar el asunto sin rodeos e inteligentemente. Nadie se vería perjudicado y muchos beneficiados. El problema es que estas autoridades cobardes o ignorantes necesitarían realizar, seduciendo en el buen sentido, un ejercicio mundial de reordenamiento de prioridades en cada individuo, de manera libre y voluntaria, que nos llevara a todos a darnos cuenta que con cerca de la mitad de los bienes materiales que consumimos podemos lograr el mismo nivel de felicidad que creemos lograr hoy (no hablo de propiedad, sino de consumo, de nivel de vida material por período de tiempo: la propiedad privada por sí misma no determina el buen o mal uso de los recursos, ni menos su destino: ya se comprobó errado el concepto e intentos de igualdad de riqueza o que todo sea del estado, de todos, etc.). Con todo el exceso de los recursos destinados a producir bienes o cosas y servicios innecesarios para la verdadera felicidad interior- que para todos radica en ser queridos y en querer-, equivocándonos en los medios que ocupamos o consumimos y hacemos producir, creyendo que son estos los que llenarán nuestros corazones de cariño y una vida en paz personal interior, se pueden producir los bienes y prestar los servicios a quienes les faltan para salir de la marginalidad material en todos sus matices, que es insuficiente para vivir como seres humanos que se sientan dignos y no sufran del dolor de la pobreza en sí misma ni ver despilfarros en algunos ambientes y regiones, mientras ellos viven humillados. Así Tendríamos una Latinoamérica distinta, un África cambiada, un Asia y Medio Oriente con otra cara y un progreso más equitativo que el que están teniendo, etc. Es un problema de ignorancia, cobardía y falta de líderes; o más bien sabios verdaderos que iluminen con estas prioridades de manera convincente, positiva, creíble, práctica, aplicable y para todos los países en conjunto. No conozco ninguno de los del siglo XXI con esas condiciones ni claridad. Espero y confío que aparecerán varios pronto, y estos problemas se terminen o disminuyan más rápido, y que además las personas profundicemos, reconozcamos y vivamos libremente con un nivel de vida solo suficiente para el bienestar fundamental, y no autoengañados como llevamos por siglos, buscando mal y con las prioridades equivocadas. Obama, El Dalai Lama, El Presidente de la Unión Europea, del Banco Mundial, del BID, de la OEA, El Papa, y otros de Oriente que desconozco, no muestran para nada dar la altura en este aspecto. ¿Cobardes; ignorantes; descentrados, mirando el ombligo de sus áreas de trabajo; mediocres y empleados de otros más cobardes, ignorantes o egoístas inconscientes -que no se dan cuenta y creen trabajar para el bienestar general con buena intensión, pero tienen la mente estrecha?; No lo sé, pero muchas veces parece que lo fueran por las oportunidades que dejan pasar, por sus propuestas limitadas, ambiguas o teóricas e inaplicables.
Lamentablemente, y como “los pobres no pueden esperar”, en la práctica hay que actuar según los cánones actuales, y me parece lo correcto ahora, pero creo que no es bueno para la humanidad ni el universo seguir avanzando con jerarquías equivocadas y obviando el fondo de los asuntos, dejando que el tiempo, las crisis o guerras cambien lo que se puede orientar voluntariamente con valentía y claridad.
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