viernes, 25 de noviembre de 2011

ALGUNAS REFLEXIONES QUE PUEDEN PARECER AUDACES; SEMANA SANTA

El Pecado Original es la condición de fragilidad natural con que Dios quiso crear al ser humano. No hay culpa en ello, como en los pecados voluntarios, que además sólo Él conoce, pues son la correspondencia al hecho o palabra activa o pasiva de que somos protagonistas, siendo esto último lo cual sí puede juzgarse bueno o malo (no relativismo en hechos; sí misterio de conciencias). "La paz esté con Ustedes", dijo Jesús en cada una de sus apariciones después de la Resurrección; Yo los comprendo; Yo los hice frágiles, ignorantes, limitados, con sensaciones de vacío, sin armonía, sujetos de errores, expuestos al sufrimiento físico y psicológico, a las ofensas, a que los marginen por decir la verdad, a qué los golpeen, los escupan, los azoten, les hagan juicios falsos y que los crucifiquen porque solamente son seres humanos; y Él se hizo uno más para que confiemos en los "sin sentidos" que suceden durante la vida. Su pasión y muerte no están centrados en perdonarnos una culpa original o culpas de la vida; sino en mostrarnos que así nos quiso crear, no sabemos por qué ni nos lo ha explicado, y nos permite reclamarle a su Padre: "¿por qué me has abandonado?", "¡aparta de mí este cáliz!", no entiendo nada pero confío en que Tú sí sabes. Quitémonos la sensación de culpa y llenémonos de la conciencia de que Dios conoce quiénes somos: "cada uno de los pelos de nuestra cabeza están contados”. El nos mantiene en la existencia, que significa que nos está amando. El amor de Cristo es por su entrega, no por su dolor. La entrega puede ser absolutamente indolora y amorosa sin pisca de sufrimiento. Leamos Los Santos Evangelios y mostrémonos alegres. Empecemos a no sentirnos agobiados de lo que somos. Asumamos que vivir es un misterio que no dominamos, y jerarquicemos respecto al amor, nuestros días y ocupaciones, única receta que nos dejó El Señor. Benedicto XVI en su segundo libro sobre Jesús incentiva a la exégesis (disciplina de interpretar correcta y de manera esencial las sagradas escrituras: La Biblia), que considera estancada desde un intento de incentivo que hizo el Concilio Vaticano Segundo. Insiste en combinar ciencia y fe, razón y revelación; en dejar de ser infantiles o arcaicos en nuestra fe y vida. Yo no me sorprendería de que cambiara la doctrina de La Iglesia sobre el infierno: purificación más larga o distinta, pero no soledad eterna ni imposibilidad de vuelta al Creador. (¿llamas?, metáfora para niños). Lo mismo sobre el Sacramento del Bautismo. Dios es Amor y su Hijo Hombre habló de vivir en y para el amor, hizo sugerencias de zanahoria, no de garrote. ¿Por qué la pedagogía del garrote y el centro en la corrección de defectos y evitar el pecado, en vez de incentivar inteligente, adulta y lúdicamente, no sólo con la razón lógica, el acercamiento a una existencia personal y universal hacia la paz física, psicológica, mental, social y espiritual?

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