viernes, 25 de noviembre de 2011
IMPUESTOS Y VOTO OBLIGATORIOS
Aunque se tape el sol con el dedo de multicolores y tal vez necesarias teorías de participación, todas las familias chilenas son obligadas a destinar aproximadamente y en promedio cerca de un 20% de sus ingresos anuales al pago de impuestos. Es decir, aceptamos trabajar casi 2 meses para el Estado de nuestro querido país, en resguardo del camino hacia el anhelado “bien común” con sus variantes colectivas e individuales. Es un aporte porcentual similar al de muchas naciones, para no hablar de “justo”, ya que esto depende de más consideraciones que no cabe comentar aquí. Hay una mirada ausente en el impulso a la inscripción electoral y el ejercicio del derecho a voto la más clara expresión de voluntad y opinión que permite la democracia. Y al no sufragar estamos actuando implícitamente, con o sin conciencia de ello, según el siguiente principio que puede sonar tal vez duro, ofensivo e impertinente, pero a mi juicio es verdadero en la práctica: no nos interesa si se mal administran los recursos del Estado, provenientes de nuestros impuestos, que finalmente debieran ir en beneficio de los más frágiles, marginados y en resguardo de la dignidad de quienes no se pueden cuidar por sí mismos y necesitan del Estado. De manera camuflada, aceptamos ser esclavos, sudar el lomo personal o familiar durante unos 60 días al año, sometiéndonos al pago de algo en cuya administración podemos ser parte, pero nos aniquilamos opcionalmente. Sabemos que votar nulo o blanco también es ser activo. Así, no inscribirse y no votar, en la práctica, me atrevo a plantear, es indiferencia hacia los más necesitados y un tóxico olvido de uno mismo y de la propia familia, aunque creamos que nuestra “inexistencia” electoral es manifestar algo, y un derecho que nos libera. ¿Cómo no vamos a destinar por lo menos algunas horas al año, comparadas a dos meses regalados, a instruirnos, a reflexionar y finalmente a hacer cola para votar por quienes decidirán cómo se atenderán los intereses comunes y sobre todo de los más necesitados o marginados? Estamos atrapados pensando en parámetros derivados de los conceptos de derecho o deber respecto al tema y de los defectos, falencias y errores de los actores políticos públicos del momento. Me parece que no tenemos claro el asunto práctico. A mi me da pena y quiero gritar mi inquietud. Y aunque suene, sin serlo, a imperativo coersionador de libertad o medida de dictaduras, me atrevo a plantear que no estaría mal que el voto fuese obligatorio (con inscripción automática para todo ciudadano, independiente de su lugar de residencia) igual que los impuestos, que tienen esta categoría hace milenios, incluso antes de la democracia.
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